Vicios
De sobra sé que no eres consciente de ello; lo sé, claro, tú nunca estuviste aquí, y es muy fácil decir que es un vicio intolerable, sucio y dañino. Si no es uno de los tuyos, si nunca lo fue. Así q…
De sobra sé que no eres consciente de ello; lo sé, claro, tú nunca estuviste aquí, y es muy fácil decir que es un vicio intolerable, sucio y dañino. Si no es uno de los tuyos, si nunca lo fue. Así q…
Ni me importan los años, ni los kilos que le sobran; al contrario, me gustan como me gustan esos ruiditos que emite, que muchos encontrarían molestos y a mí me resultan excitantemente familiares. Me vu…
Necesito sentirte pegada a mi espalda. Amanecer enredado en tus piernas, impregnado de tu aroma, respirando tu aliento. Empaparme de la longitud inacabable de tu sexo y el rastro pegajoso de tu saliva. Notar el recuerdo de tu pi…
Lengua de brasas, carnes de leche, pezones de clarete, una cabellera como un penacho de llamas, un jardín de pecas sembrado sobre la espalda y los pechos. He aquí el embrujo encarnado de las pelirrojas.
Unos pezones que se erizan al calor de los lametazos ávidos de una lengua son el mejor termómetro de tu deseo. No hay bocado tan sabroso como sentirlos endurecerse entre los labios. foto: Mark Marek
No tiene por qué gustarle a todo el mundo. A mí me gusta, Ken Loach. Pelis donde los currantes no hacen de comparsas, como parecen empeñarse en hacernos creer, sino de protas. Con sus historias de personas que trabajan y fo…
En España, en cambio, las que me ponen a cien son las chicas de la moto. Las que la llevan. Cuantos más cubicaje, más me ponen. Aunque me bastan 75 para empezar a sentir el hormigueo. No lo puedo evitar: sueño con que me inv…
De las mujeres que me cruzo por la calle, les veo pegas a la mayoría de las que van andando: desgarbadas, lacias de rostro, fondonas o sin fuelle. A las que montan en bici, en cambio, les encuentro el a…
Hay algo profundamente gratificante en hacer cosas con las manos. Pintar un mueble, arreglar una cajonera, enredar en los cables de un ventilador haragán, pelearse con una cisterna, montar un armario siguiendo croquis tan minuc…
Paradójicamente, la estación más cálida me deja frío. La plácida rutina casta de las vacaciones familiares se impone a los estímulos de la carne perezosa y los cuerpos descubiertos. A la espera de mejores tiempos, hibern…
Quince días de mar, soleados y gozosos. Pero te juro que no vi en todo ese tiempo a una mujer desnuda que no estuviera rodeada de arena. foto: John Austin
Necesito unas vacaciones: tumbarme en un sofá, en una toalla o en un parterre verde, y dejar que pase el tiempo y el sol me acaricie y la sal se me quede pegada a la piel como tu recuerdo. Volveré. Pero no me esperes levantada.
Definitivamente. Si vas a la playa nudista más te vale tenerla grande. La una o la otra. Si son las dos, miel sobre hojuelas. Pero si andas corto de ambas, chico, mejor lo dejas. Ya sabes de qué te hablo…