El sabor de la miel. Salwa Al Neimi.
Hace tiempo que me pregunto cómo viven su sexualidad las mujeres árabes, bajo su velo. Salwa Al Neimi pone luz a esa curiosidad de un modo muy bello, casi poético en su libro “El sabor de la miel”, convocando a los grandes escritores y escritoras de la cultura erótica islámica, castrada en el siglo XVII. La autora narra en primera persona sus experiencias, sus sentimientos y los de algunas de sus amigas, además de hacer un repaso a los autores eróticos del mundo islam, tan desconocidos en Occidente. Salwa, según cuenta, era gran aficionada a la literatura erótica -como yo- y lo llevó en secreto -como yo- durante muchos años, hasta que pierde el miedo y se decide valientemente a publicar este libro firmado con su auténtico nombre - a diferencia de mí- , que está prohibido en varios paises árabes.
¡Al fin son las mujeres del chador tan parecidas a nosotras! También aquí escondemos en gran medida nuestra sexualidad verdadera, por mucho que se teorice y se parlotee en la red, por mucho porno que circule.
Me encantó esta historia breve pero jugosa que anda ahora por las librerías editada por Emecé. Copio un párrafo que llamó mi atención porque me siento muy identificada con la idea que expone:
Mis lecturas secretas me han llevado a considerar que los árabes son el único pueblo del mundo para el que el sexo es un don por el que es necesario dar gracias a Dios. El jeque imán, sabio y noble Sidi Mohamed al-Nefzawi, que Dios se apiade y esté satisfecho de él, comienza así su obra El jardín perfumado:”¡Loado sea Dios, que ha situado la fuente de mayor
placer del hombre en las partes naturales de la mujer, y la fuente del mayor placer de la mujer en las partes naturales del hombre! La vulva sólo conoce la calma, el alibio y la satisfacción por medio de la penetración del miembro masculino, y el miembro del hombre, sólo en la vulva.”
¿Acaso los autores árabes no cuentan entre los beneficios del coito, además de la proliferación de la estirpe y la perpetuación de la especie, el poder atisbar algunos de los deleites del edén? En él se anticipan los gozos prometidos del paraíso, “pues anhelar un placer desconocido no sirve de nada”.
Entonces, ¿en esta vida probamos una muestra de la que será nuestra recompensa eterna en el paraíso? Eso es lo que en economía se conoce como “incentivos para la producción”. El olor del sexo es la zanahoria que orienta mi olfato y me lleva a hacer todo aquello que me conducirá al perfume del paraíso.
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