A oscuras
Éramos tres sentidos. Sobre la cama deshecha éramos todo gusto y tacto y olfato. A oscuras, con las persianas bajadas y el aire acondicionado encendido, éramos todo cuerpos desnudos gustándonos y tocándonos y oliéndonos. No sé cuántas manos, cuántas decenas de dedos me recorrieron, cuántas lenguas me besaron, cuántos labios tatuaron sobre mi piel la incandescencia de su deseo. Sólo sé que
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