“Putas de Fin de Siglo” Miguel Angel de Rus
He hecho la reseña de éste libro porque me lo ha pedido Celia Santos para colgarlo en su blog literario Mas que palabras y porque además me lo regaló, pero no porque lo considere erótico, pese a que forme parte de la colección Incontinentes de novela erótica de “Ediciones Irreverentes”.
Hoy lo cuelgo en mi blog porque estos días Irreverentes cumple diez años y estoy agradecida a esta editorial, como a las otras que se animan a publicar erotismo -que no son tantas-. Desde aquí mi felicitación.
Y bien, “Putas de Fin de Siglo”, pese a su sugerente título y su portada de una mujer elegantemente vestida en lencería no me ha calentado: ni sentí humedades en mi cuerpo ni llevó a mi mente a lugar cálido alguno. Lo clasificaría como “narrativa satírica basada el tema sexual”, castizamente satírica, masculinamente satírica, con episodios demostrativos de la inteligente mirada del autor.
De Rus hace un análisis de distintos tipos de mujeres que él gusta de llamar
putas: la puta intelectual, la puta estrella de pop, la puta útil, la discreta, las dominicanas… y viene a decir, jocosamente, que en esta sociedad todos nos prostituimos de un modo u otro.
Copio un párrafo en el que explica sobre la puta telemática:
“…La puta telemática, informática u ofimática, te ofrece hacer juegos eróticos por ordenador. Tiene una micro-cámara en su casa, que es una empresa muy seria que ha montado un señor muy dinámico que acaba, el muy cabrón, de comprarse un yate, y se enfoca el pecho (ella, no el dueño de la empresa, que en este momento está comiendo con el concejal de cultura de su pueblo para ver si le dan una subvención) mientras se lo acaricia y empieza a respirar más profundamente. Después se quita el sostén, siempre rojo o negro, de encaje, y enfoca la cámara a los pechos con los que ha dado de mamar a su segundo hijo –dato que nunca sabe el cliente- para que el internauta, que es quien paga, se excite telemáticamente. O informáticamente, la verdad es que no lo tengo muy claro. Después, se chupa el dedo, mira a la cámara con el mismo gesto que pondría si tuviera hernia de hiato y le doliera y suspira más, lo que al parecer, vuelve loco al conectado, que ya ha comenzado a procesar la información y responde a los estímulos visuales…”
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