Ser o no Ser

“Me encanta la cara de puta que pones”, le dijo Alberto a su mujer aquella tarde mientras hacían el amor y ella enfureció. Rápidamente lo apartó y se fue al baño dando un portazo tras de sí. Alberto no entendió la reacción y quedó atónito y con su miembro a media asta, tirado entre las sábanas desordenadas.
“Así, ponte así, bien putita para mí”, susurró Pablo al oído de su novia mientras la penetraba lentamente por detrás. Pero los prejuicios pudieron más que el placer que en ese momento le estaba haciendo sentir aquella penetración, y ella enseguida cerró todas las puertas de entrada, como un cerrojo automático que se activo ante semejante frase que la hacía sentir la más baja de las mujeres. ¿Cómo podía su novio, con el que pensaba casarse en pocas semanas, decirle semejante grosería? Sus párpados se cerraron dejando correr dos lágrimas de indignación, y Pablo no encontró durante toda la noche ningún argumento que la hiciera dejar de llorar.
“Te quiero bien puta”, le escupió sin anestesia aquel hombre desconocido a Carla, mientras entraban a su auto estacionado en la esquina de la disco donde se acababan de conocer. Carla simplemente retrocedió, dio media vuelta sobre sus talones, le propinó una sonora bofetada a aquel abusador y se marchó con pasos enfurecidos.
Estas “polémicas” cuatro letras desatan en los hombres sus instintos más animales, mientras que a algunas mujeres parece activarles la falsa moral que las hace sentir pecadoras, inferiores o malignas, si admiten su condición en el breve momento del sexo.
Tal vez no existen sinónimos que describan mejor a una mujer sensual, sexual, excitada, entregada a su hombre, hambrienta y a la vez deseosa de alimentarlo con puro placer. Tal vez ningún otro adjetivo describa en su total dimensión a una mujer disfrutando del sexo, haciendo y dejándose hacer, disfrutando, experimentando, descubriendo a través de su cuerpo y el del hombre privilegiado que lo posee por completo. Tal vez ellas no estén mentalmente preparadas para que las describan con una palabra casi siempre peyorativa, en medio de un acto principalmente físico que incansablemente intentan recubrir con un manto místico y sentimental.
En una relación carnal “AMAR” es en un gran porcentaje disfrutar del sexo sin restricción alguna. Eso implica entregar el cuerpo, sí… pero también abrir la mente, olvidarse de los clichés y dejar a un lado los falsos pudores y las pendejadas. Cuando eso se logra, el sexo es más que maravilloso, conquistamos a nuestros hombres de por vida y hasta llegamos a sentir orgullo de que nos llamen “PUTAS”.
“Así, ponte así, bien putita para mí”, susurró Pablo al oído de su novia mientras la penetraba lentamente por detrás. Pero los prejuicios pudieron más que el placer que en ese momento le estaba haciendo sentir aquella penetración, y ella enseguida cerró todas las puertas de entrada, como un cerrojo automático que se activo ante semejante frase que la hacía sentir la más baja de las mujeres. ¿Cómo podía su novio, con el que pensaba casarse en pocas semanas, decirle semejante grosería? Sus párpados se cerraron dejando correr dos lágrimas de indignación, y Pablo no encontró durante toda la noche ningún argumento que la hiciera dejar de llorar.
“Te quiero bien puta”, le escupió sin anestesia aquel hombre desconocido a Carla, mientras entraban a su auto estacionado en la esquina de la disco donde se acababan de conocer. Carla simplemente retrocedió, dio media vuelta sobre sus talones, le propinó una sonora bofetada a aquel abusador y se marchó con pasos enfurecidos.
Estas “polémicas” cuatro letras desatan en los hombres sus instintos más animales, mientras que a algunas mujeres parece activarles la falsa moral que las hace sentir pecadoras, inferiores o malignas, si admiten su condición en el breve momento del sexo.
Tal vez no existen sinónimos que describan mejor a una mujer sensual, sexual, excitada, entregada a su hombre, hambrienta y a la vez deseosa de alimentarlo con puro placer. Tal vez ningún otro adjetivo describa en su total dimensión a una mujer disfrutando del sexo, haciendo y dejándose hacer, disfrutando, experimentando, descubriendo a través de su cuerpo y el del hombre privilegiado que lo posee por completo. Tal vez ellas no estén mentalmente preparadas para que las describan con una palabra casi siempre peyorativa, en medio de un acto principalmente físico que incansablemente intentan recubrir con un manto místico y sentimental.
En una relación carnal “AMAR” es en un gran porcentaje disfrutar del sexo sin restricción alguna. Eso implica entregar el cuerpo, sí… pero también abrir la mente, olvidarse de los clichés y dejar a un lado los falsos pudores y las pendejadas. Cuando eso se logra, el sexo es más que maravilloso, conquistamos a nuestros hombres de por vida y hasta llegamos a sentir orgullo de que nos llamen “PUTAS”.
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