“Eso No” de Marcelo Birmajer
Con los seis relatos que componen el libro “Eso No” me he reido a pierna suelta y he disfrutado muchísimo.
Marcelo Birmajer borda en este libro - número 123 de La Sonrisa Vertical- la comedia sexual
centrada en la penetración anal, sin hacer ascos a otro tipo de penetraciones o estimulaciones.
Está escrito de modo brillante, con amplias dosis de ironía e inteligencia y recomiendo su lectura tanto a los que gustan del encaje “antinatura” como a los que prefieren otros acoples, pero gustan del género erótico como descorchador de las fantasías sexuales humanas, casi siempre tan interesantes.
Copio una pequeña muestra:
Kausus sabía que Anastasia follaba con ternura. Le daba el culo con suavidad, se la chupaba mirándolo a los ojos con amor. A Kausus le encantaba esa ternura, lo calentaba; cuando ella le entregaba su ano -para complacerlo, más que para gozar-, sentía Kausus la dulzura de un bombón de chocolate. Pero Kausus precisaba mucho más. No quería sentir ni un gemido de dolor en Anastasia, no quería ni por un segundo que el sometimiento fuera violento. Y, sin embargo, necesitaba como el agua estas emociones fieras. En un matrimonio con Anastasia, siempre echaría eso en falta, y en esa trajedia también se hundiría ella. En Lisa, Kausus había encontrado a la esposa y la amante animal. La vaca del amor. A Lisa podía pegarle en el culo, y amarla, y escupirla, y decirle maravillas asquerosas, y sorprenderse. Anastasia era demasiado bella, demasiado amable: lo había salvado, y él nunca podría retribuirle. Mantuvieron el romance y los encuentros sexuales durante años. Y cuando apareció Lisa, solo quedaron los encuentros sexuales.
…
Linda besó el pecho de su futuro marido y siguió besándolo hasta llegar a la verga. Allí se instaló, con ambas manos acunando los huevos, y adoptó una posición extraña de yoga, parada cabeza abajo, con la boca en la verga y su culo vacuno en el rostro de Kausus. Acomodó la nariz del hombre entre sus nalgas, y abrió y cerró el ano como una invitación. Los dedos de Kausus comenzaron a acariciarle tímidamente la vulva. Lisa dejó de chuparle la verga, porque la posición era muy incómoda y le producía dolor en el cuello. En cambio Kausus empezó a chuparle el culo.
-Ay… -gemía Lisa descontrolada-. Ay…
La desesperaba que le chuparan el culo. Kausus retiró una mano del coño y juntó ambos pezones. Los manoseó, los disolvió, los acarició con la sabiduría de un anciano que rezara el rosario. Lisa estalló en un orgasmo poderoso, liberando así la ansiedad contenida durante aquellos escasos minutos …
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