Edgar Degás, voyeur
Que a Degás le inspiraba la mujer es evidente, y su visión me encanta porque pareciera que la mirada del pintor se esconde tras la mirilla de alguna puerta.
No me interesan tanto las representaciones de bailarinas que adornan cualquier
escuela de danza, como las series de mujeres desnudas en la intimidad, instantes que parecen robados y que nos ofrecen la posibilidad de ver sin ser vistos. El lujo de admirar cómo esas féminas del siglo XIX se lavaban, se secaban, se peinaban.
Parece que Degás fue un hombre solitario, cerrado de mente, cargado de prejuicios y depresivo que no se llevó bien con sus coetáneos y que, ni se caso ni tuvo ninguna relación amorosa en su larga vida.
Seguramente su placer sensual lo alcanzaba con la mirada y la recreación en solitario.
“Me interesa dibujar lo que ya no se ve salvo en el recuerdo” 
Escribín un conto erótico de bailarinas contemporáneas: aquí
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