.


EL COLUMPIO

Sin duda todos, de niños, hemos vivido una excitante experiencia en común: las interminables tardes subidos en los COLUMPIOS.
Al principio, era tu madre quien te sentaba sobre ellos, obligándote a AGARRARTE bien a las cadenas, y ordenándote que NO las soltaras bajo ningún concepto, o acabarías cayéndote. Sólo así empezaba ella a EMPUJARTE por la espalda, con delicadeza, y comenzaba el delicioso JUEGO de mecerte en el aire desafiando al vacío. Luego, tú debías aprender a MOVER las piernas de una forma sincronizada hacia adelante y hacia atrás, si querías llegar a recrear el movimiento… y te REBELABAS ante tu madre, diciéndole que no te empujase ya más, que podías y querías hacerlo TÚ SOLO. Y aunque al principio lo conseguías con una TORPEZA enternecedora, poco a poco ibas cogiéndole el truco a las idas y venidas. Y supiste que el duro aprendizaje había valido la pena, cuando experimentaste aquel increíble placer de sentir VOLAR tu cuerpo, primero hacia adelante, luego hacia atrás, buscando llegar siempre arriba, mucho más ARRIBA
Y así es como entonces pasabas un DÍA fantástico en el parque, al que siempre estabas deseando volver.


Pero luego creciste, te hiciste MAYOR, y como siempre la vida te enseña que las cosas no son exactamente iguales que en tu infancia… ni los columpios TAMPOCO. Y paradójicamente, como miles de otros mitos que aprendes de niño, te percatas que la lección que tanto te costó aprender en su día, realmente ya no te sirve, porque ahora...

Ahora, en lugar del placer de columpiarte tú SOLO, lo que buscas y deseas es que haya alguien a tu lado que te EMPUJE... y no precisamente tu madre, sino alguno de tus amantes, quien se coloca ya no detras de ti, sino delante, para empezar a MECERTE con fuerza en el aire una y otra vez, volviendo a desafiar al vacío, como en aquellos tiempos… ¡¡Y claro que puedes SOLTAR las manos de las cadenas!! De hecho, no dudas en hacerlo para así poder agarrar con toda libertad algo más INTERESANTE… como una buena polla bien erguida con cada mano, por ejemplo. Y desde luego, no por ello acabarás cayéndote, porque mientras tu amante te provoca ese hipnótico VAIVÉN, adelante, atrás, adelante... tú sientes perfectamente cómo te SUJETA, por tu cadera, por tus muslos, por tu culo, PENETRÁNDOTE con su miembro empalmadísimo, que no para de entrar y salir, una y otra vez, empujando sobre tu coño totalmente resbaladizo, ANSIOSO y entregado.

Y entonces, GRITAS... gritas LIBREMENTE y cerrando los ojos, como cuando eras niña, porque vuelve a ti el único RECUERDO útil y veraz de aquel tiempo, en que como ahora, el PLACER máximo residía siempre en subir a lo más alto, en conseguir llegar ARRIBA, cada vez MÁS y más arriba… aunque para ello no necesites ya mover tus piernas, ATENAZADAS con sendos grilletes de cuero en los tobillos.

Ahora ya no es SÓLO tu cuerpo el que sientes que vuela, sino también tus PENSAMIENTOS, lascivos, morbosos, calientes, desbocados… al igual que tu cuello, tus tetas, tu vientre y el resto de tu cuerpo, DISPONIBLE para todas esas manos ANÓNIMAS que en la oscuridad te acarician, te recorren, te manosean impúdicamente… al igual que tu SEXO, abierto, empapado, goloso… y a merced de TODOS aquellos cuyos dedos y pollas quieran follárselo sin compasión.


Y así es como pasas una NOCHE fantástica, ahora, en un cuarto oscuro… en un COLUMPIO, al que como entonces, estás siempre deseando volver.


Para ti, C.
Porque me encantó poder columpiarme contigo.

Lee la noticia de la fuente original...

Leave a Reply