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VICTOR E IRENE (Episodio IV)


Se arrodilló apresurada y torpemente ante mí, dirigí mi mano hasta su barbilla y se la sujeté con fuerza, levantado su cabeza para que me mirara mientras le hablaba:

-“Estabas preciosa sobre la cama, con ese vestidito que te has puesto y tan entretenida en auto complacerte” –incliné mi cuerpo hacia delante y acerqué mi cara a la suya dejando que mi lengua invadiera su boca con un beso profundo y húmedo, al acabar volví a incorporarme, la miré en silencio durante unos diez segundos –“Pensaba venir al cabo de media hora, pero me he puesto tan cachondo el verte masturbarte que no he sido capaz de aguantar más de un cuarto de hora”. Observé su cara y vi como abría los ojos en una expresión que mezclaba la sorpresa, el miedo y el deseo, a lo que mi polla reacciono con varios espasmos involuntarios que tropezaron con la tela de mi vaquero y que resultaron placenteros. –“¿Qué pasa?, parece que te ha sorprendido lo que te he dicho”.

-“No… mi señor”- me miró con ira y después bajó la mirada.

-“No te atrevas a bajarme la mirada, que te has creído”- tiré nuevamente de su barbilla hasta el punto de que sus rodillas, por lo inesperado de la situación, se separaron momentáneamente del suelo –“He preguntado ¿qué pasa?, así que responde de una puta vez”-, le respondí de forma airada soltándole la barbilla bruscamente, tanto que calló hacia atrás quedando sentada sobre sus rodillas y en equilibrio gracias a que le dio tiempo a apoyar su mano derecha. Giró su cabeza y me miró fijamente, esa mirada de odio hacía que mi entrepierna volviera a palpitar, así que dirigí mi mano y me toqué bruscamente por encima del pantalón –“responde le grité”.

-“No sabía que mi señor me estaba observando mientras me tocaba, puedo saber como lo ha hecho”-respondió con esa mirada perturbada por el odio y el desprecio.

-“He puesto una cámara oculta, la verdad que ha quedado un gran video, a lo mejor lo comercializo, así además de generarme placer me generarás dinero, ya veré”- la cogí por el brazo y la levanté, la llevé hasta la cama y la empuje para que cayera boca abajo, -“súbete el vestido y bájate las bragas”-, sabía que estaba muy enfadada por haberla grabado, pero era justo lo que pretendía, quería tenerla así, enrabietada, ida de odio, me daba placer saber que lo que estaba haciendo no era lo que deseaba en ese momento, porque en ese momento lo único que quería era llorar y abofetearme, pero no era capaz…

Se levantó el vestido hasta la cintura y se bajó las bragas levantando algo las nalgas, estaba esperando atento y justo en el momento que sus nalgas empezaron a aparecer desnudas le solté una nalgada con la mano bien dura, dejándole los dedos marcados, dio un pequeño grito y un respingo hacia delante, pero no se atrevió a quejarse.

Me quité el pantalón y la camiseta, me vi reflejado en el espejo totalmente desnudo y con una erección más que evidente, justo al lado de mi pequeña esclava, a la sólo se le veían esas nalgas tan suaves y prietas, me dirigí a la cama y me arrodillé frente a ella, le sujeté del pelo y tiré de el hacia arriba, hasta que quedó como un perrito a cuatro patas:

-“Hazme una buena mamada, que estoy burro de ver lo putita que puedes llegar a ser”- su boca se aproximó a mi miembro y no se lo pensó dos veces, se hundió en el interior, noté la calidez de su saliva y como comenzaba a moverse, me incliné un poco sobre ella, levanté mi mano derecha y la deje caer con fuerza sobre sus nalgas – “Plashh” – noté el respingo que dio y un pequeño mordisco sobre mi polla, esa mezcla de dolor y placer me volvía loco –“Más rápido puta”- y volví a dejar caer mi mano –“Plashh” – un nuevo mordisco rodeó mi polla, esta vez a la altura del capullo, volví a repetir, cada vez con más fuerza, mientras ella me seguía succionando y dando pequeños mordiscos en la polla, hasta que noté que llegaba el momento, mi mano bajó por ultima vez –“Plashh” – tras golpearle la nalga instintivamente mi mano se serró, se aferro a su carne y noté como mis uñas se incrustaban en su piel mientras mi leche, espasmo tras espasmo, iba inundando su boca.

Tras el momento de éxtasis se la saqué de la boca y me la miré, tenía pequeñas marcas por todas partes, pero ni una sola herida –“Muy bien putita, dominas tu boca de maravilla”.

-“Mi señor el muy amable”- la miré con cierto desprecio, me levanté y la rodeé, le miré el culo, rojo por las nalgadas y con las marcas de mis uñas, una pequeña gota de sangre corría hasta el muslo, era la primera vez que la hacía sangrar, me miré la entrepierna y vi como mi polla comenzaba a reaccionar, por un momento me sentí culpable por excitarme con algo así, pero bastó con volver a mirar esa gota para olvidar cualquier sentimiento de culpa.

–“Sí, tu señor es muy amable, pero no ha terminado contigo, más bien acaba de empezar”

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