VICTOR E IRENE (Episodio II)

Colgué el móvil sin dejarla replicar. Perfecto. Me imaginaba la expresión de su cara en estos momentos. No puede evitar sonreírme; seguro que ni siquiera había soltado el teléfono, tratando de asimilar lo que acababa de oír.
Aunque la verdad, no la culpo. No pienso decirle nada, pero yo estoy tan sorprendido como ella con todo esto. Con mis reacciones, con las suyas, con todo… a veces pienso que se me va a ir de las manos…pero me gusta demasiado como para no arriesgarme.
Pensar en todo esto hace que los nervios me traicionen un poco. Miro el reloj un par de veces. Algo más de tres cuartos de hora. Respiro hondo, me levanto y empiezo a pasear por la habitación. Se estará preparando, eligiendo qué ropa ponerse, sintiendo una mezcla de enfado y excitación; enfado, porque la conocía y sabía que era muy orgullosa, excitación, porque sin saber por qué, había obedecido mis órdenes desde el principio, desde aquella noche en su piso…
Cerré los ojos y empecé a recordar. Quizás así me pasaría un poco menos la tensión de la espera. Todavía me acuerdo de lo mucho que me sorprendió que me propusiera pasar la noche en su piso. Reconozco que en aquel momento pensé que sería algo fácil, el típico polvo de una noche. Pero me equivoqué…aunque ella también. Si hubiera sabido lo que iba a pasar, quizás no me hubiera traído una manta para dormir en el sofá y me hubiera llevado directamente a su cama. Pero no, era demasiado orgullosa…aunque claro, quién se iba a imaginar lo que pasaría después. No es que nos conociéramos mucho, pero desde el principio se notaba que nos resultábamos el uno al otro cualquier cosa menos indiferentes. Cuando estábamos juntos saltaban chispas, y no es que nos lleváramos mal, todo lo contrario, pero teníamos una especie de pique constante de a ver quién se daba la réplica más ingeniosa, quién dejaba al otro sin respuesta…
He dicho que ella era orgullosa, pero no quiero que parezca que es una chica borde o cortante ni nada así. Tampoco nadie diría de mí que sea una persona dominante. Al contrario. Pero era algo que pasaba entre nosotros. Yo no podía evitarlo, y supongo que ella tampoco. Por eso creo que me invitó a su casa, y después me mandó al sofá. Ni siquiera creo que lo hiciera con mala intención, pero incluso inconscientemente quería reír ella la última… Pero no fue así.
Fue como un chispazo. Yo estaba sentado en el sofá, con la manta que me había lanzado Irene desde la puerta. Mis pensamientos se movían deprisa de un lado a otro, acelerados quizás por el alcohol…y se perdieron siguiendo el eco de sus tacones en el pasillo. No había manera de cambiar las tornas… la bola de partido era suya… ¿o no? “Tío”, pensé, “como no la sigas y le pongas las cosas claras ahora…te acaba de ganar por la mano. Tendrías que ir a su cuarto… ¿Qué cara pondría si aparezco y…?” Imaginé su cara reflejada en el cristal del espejo, los ojos muy abiertos al sentir mis manos de repente… Me reí. Leo demasiados relatos porno… tengo que buscarme una chica y dejar el sexo en solitario. Recordé algunos sobre dominación, amos y sumisas…todo ese rollo. No sé donde estaría esa voz interior que te previene de hacer tonterías…porque la única que escuché en mi cabeza decía “¿por qué no?”, y al momento esta siguiendo el rastro de su perfume hasta la habitación del fondo, que tenía la puerta entreabierta y dejaba salir una tira de luz. Abrí la puerta despacio. Irene estaba de pie, ante el espejo, con los ojos cerrados. “Vas a ser mía”, era lo único en lo que podía pensar. Las pocas dudas que pudieran quedarme se desvanecieron cuando abrió los ojos. Me adelanté un par de pasos y le tapé la boca con la mano, mientras con la otra empecé a acariciarla, metiéndome bajo su vestido…sintiendo esa piel cálida y suave estremecerse al contacto con mis dedos… Mis ojos se cruzaron con los suyos por un instante… y noté en ellos miedo…miedo y deseo. Me sentí poderoso. Una oleada de excitación me recorrió todo el cuerpo. Y entonces supe que no pararía hasta hacerla completamente mía. Llevé mi mano aún más arriba…hasta llegar al borde de sus braguitas…jugué con el elástico, bajándolo un poco, pero muy despacio. Su respiración se aceleraba, podía sentir el calor de su aliento en mi mano. La sujeté con firmeza, y le bajé otro poquito las bragas… haciendo que asomaran bajo la tela de su vestido. Ella ahogó un gemido, no sé si de súplica o de temor… y acerqué mi boca a su oído. “Espero que no grites… porque si no…voy a tener que castigarte ¿de acuerdo? No te preocupes…sé que te va a gustar, que quieres entregarte a mí…”. Sentí su cuerpo abandonarse al oírme…sonreí, e inclinándome sobre ella, terminé de bajarle las braguitas, que quedaron a sus pies. No dejé que se moviera… subí su vestido hasta la cintura y me quedé quieto un instante, contemplándola… me pareció que su cara enrojecía al estar así, desnuda e indefensa ante mí… No quise –ni pude- esperar más. Saqué mi polla del pantalón, y muy lentamente…la empuje dentro de su sexo…que estaba empapado… La follé así, en silencio…apretando mi mano contra su boca, haciendo que ahogara que ahogara en ella sus gemidos y jadeos, cada vez más intensos… mis movimientos se iban haciendo cada más rápidos, más intensos…
La alarma del reloj me devolvió a la realidad. Faltaban apenas quince minutos para que ella llegara y aún había algunas cosas que preparar. Me quedé quieto un momento… ¿vendría? Entonces recordé su cara, en la forma que bajo su mirada cuando le dije que a partir de ese momento era solo mía, que obedecería siempre mis órdenes… Sí, seguro que vendría.
Aunque la verdad, no la culpo. No pienso decirle nada, pero yo estoy tan sorprendido como ella con todo esto. Con mis reacciones, con las suyas, con todo… a veces pienso que se me va a ir de las manos…pero me gusta demasiado como para no arriesgarme.
Pensar en todo esto hace que los nervios me traicionen un poco. Miro el reloj un par de veces. Algo más de tres cuartos de hora. Respiro hondo, me levanto y empiezo a pasear por la habitación. Se estará preparando, eligiendo qué ropa ponerse, sintiendo una mezcla de enfado y excitación; enfado, porque la conocía y sabía que era muy orgullosa, excitación, porque sin saber por qué, había obedecido mis órdenes desde el principio, desde aquella noche en su piso…
Cerré los ojos y empecé a recordar. Quizás así me pasaría un poco menos la tensión de la espera. Todavía me acuerdo de lo mucho que me sorprendió que me propusiera pasar la noche en su piso. Reconozco que en aquel momento pensé que sería algo fácil, el típico polvo de una noche. Pero me equivoqué…aunque ella también. Si hubiera sabido lo que iba a pasar, quizás no me hubiera traído una manta para dormir en el sofá y me hubiera llevado directamente a su cama. Pero no, era demasiado orgullosa…aunque claro, quién se iba a imaginar lo que pasaría después. No es que nos conociéramos mucho, pero desde el principio se notaba que nos resultábamos el uno al otro cualquier cosa menos indiferentes. Cuando estábamos juntos saltaban chispas, y no es que nos lleváramos mal, todo lo contrario, pero teníamos una especie de pique constante de a ver quién se daba la réplica más ingeniosa, quién dejaba al otro sin respuesta…
He dicho que ella era orgullosa, pero no quiero que parezca que es una chica borde o cortante ni nada así. Tampoco nadie diría de mí que sea una persona dominante. Al contrario. Pero era algo que pasaba entre nosotros. Yo no podía evitarlo, y supongo que ella tampoco. Por eso creo que me invitó a su casa, y después me mandó al sofá. Ni siquiera creo que lo hiciera con mala intención, pero incluso inconscientemente quería reír ella la última… Pero no fue así.
Fue como un chispazo. Yo estaba sentado en el sofá, con la manta que me había lanzado Irene desde la puerta. Mis pensamientos se movían deprisa de un lado a otro, acelerados quizás por el alcohol…y se perdieron siguiendo el eco de sus tacones en el pasillo. No había manera de cambiar las tornas… la bola de partido era suya… ¿o no? “Tío”, pensé, “como no la sigas y le pongas las cosas claras ahora…te acaba de ganar por la mano. Tendrías que ir a su cuarto… ¿Qué cara pondría si aparezco y…?” Imaginé su cara reflejada en el cristal del espejo, los ojos muy abiertos al sentir mis manos de repente… Me reí. Leo demasiados relatos porno… tengo que buscarme una chica y dejar el sexo en solitario. Recordé algunos sobre dominación, amos y sumisas…todo ese rollo. No sé donde estaría esa voz interior que te previene de hacer tonterías…porque la única que escuché en mi cabeza decía “¿por qué no?”, y al momento esta siguiendo el rastro de su perfume hasta la habitación del fondo, que tenía la puerta entreabierta y dejaba salir una tira de luz. Abrí la puerta despacio. Irene estaba de pie, ante el espejo, con los ojos cerrados. “Vas a ser mía”, era lo único en lo que podía pensar. Las pocas dudas que pudieran quedarme se desvanecieron cuando abrió los ojos. Me adelanté un par de pasos y le tapé la boca con la mano, mientras con la otra empecé a acariciarla, metiéndome bajo su vestido…sintiendo esa piel cálida y suave estremecerse al contacto con mis dedos… Mis ojos se cruzaron con los suyos por un instante… y noté en ellos miedo…miedo y deseo. Me sentí poderoso. Una oleada de excitación me recorrió todo el cuerpo. Y entonces supe que no pararía hasta hacerla completamente mía. Llevé mi mano aún más arriba…hasta llegar al borde de sus braguitas…jugué con el elástico, bajándolo un poco, pero muy despacio. Su respiración se aceleraba, podía sentir el calor de su aliento en mi mano. La sujeté con firmeza, y le bajé otro poquito las bragas… haciendo que asomaran bajo la tela de su vestido. Ella ahogó un gemido, no sé si de súplica o de temor… y acerqué mi boca a su oído. “Espero que no grites… porque si no…voy a tener que castigarte ¿de acuerdo? No te preocupes…sé que te va a gustar, que quieres entregarte a mí…”. Sentí su cuerpo abandonarse al oírme…sonreí, e inclinándome sobre ella, terminé de bajarle las braguitas, que quedaron a sus pies. No dejé que se moviera… subí su vestido hasta la cintura y me quedé quieto un instante, contemplándola… me pareció que su cara enrojecía al estar así, desnuda e indefensa ante mí… No quise –ni pude- esperar más. Saqué mi polla del pantalón, y muy lentamente…la empuje dentro de su sexo…que estaba empapado… La follé así, en silencio…apretando mi mano contra su boca, haciendo que ahogara que ahogara en ella sus gemidos y jadeos, cada vez más intensos… mis movimientos se iban haciendo cada más rápidos, más intensos…
La alarma del reloj me devolvió a la realidad. Faltaban apenas quince minutos para que ella llegara y aún había algunas cosas que preparar. Me quedé quieto un momento… ¿vendría? Entonces recordé su cara, en la forma que bajo su mirada cuando le dije que a partir de ese momento era solo mía, que obedecería siempre mis órdenes… Sí, seguro que vendría.
Lee la noticia de la fuente original...